O de cómo volví al pupitre a mis 53 años
Por Alejandro Zenker
Hace poco recibí una invitación a participar en un taller con el tema “La internacionalización de proyectos artísticos y culturales”, que sería impartido por Marisol Torres. Sólo había un prerrequisito: haber participado en un taller previo impartido por ella. Me interesó mucho tomar parte en el taller, incluso acompañado por Laura Rojo, que tampoco conocía a Marisol. Así que enviamos nuestra solicitud advirtiendo ese defecto. Marisol nos aceptó.
Confieso que no sabía bien a qué me arriesgaba. Acostumbrado a estar más bien frente a un público, sentarme de pronto en un pupitre a escuchar a Marisol no dejó de hacerme sentir extraño. Por otro lado yo doblaba la edad de la mayor parte de los participantes. El taller resultó ser ciertamente intensivo. Seis horas continuas con sólo 10 minutos de “recreo”.

En poco tiempo nos percatamos de la razón del prerrequisito: este taller constituía la continuación lógica de uno previo. El planteamiento, en síntesis, consiste en lo siguiente: un artista con un proyecto debe profesionalizarse. La idea de que basta tener un “proyecto”, y que la sociedad en la que uno está inmerso está obligada a reconocer la “genialidad” de la propuesta, es absurda. Para comenzar, uno de los talleres previos había abordado precisamente el tema del desarrollo de un proyecto. Hacía Marisol la diferenciación entre lo que es una simple idea, y de los pasos que van llevando de manera lógica a articular un proyecto que pueda presentarse a una posible institución que pudiera interesarse en financiarlo.
El taller de entrada rompe mitos. Estamos inmersos en una sociedad capitalista para la que la cultura y el arte no constituyen sino una mercancía más. Para poder pretender que un proyecto encuentre apoyo, quien lo desarrolla tiene que llevar a cabo toda una labor de investigación para poder “vender” los atributos del proyecto en función de los intereses de quien podría financiarlo. Fundaciones, empresas trans o internacionales apoyan proyectos siempre y cuando uno sepa vincularlos con sus proyectos e intereses (su misión y visión). Desarrollar un proyecto viable significa saber hacer análisis cuantitativos y cualitativos. Significa que el artista o promotor cultural se empape de lo que es la mercadotecnia y la sepa aplicar a la realización de sus objetivos.
Partiendo de una definición clara de cada concepto y de la descripción precisa de los pasos que llevan de la idea al esbozo, y de éste al desarrollo del proyecto incluyendo la descripción de la parte técnica que le es inherente, Marisol conduce al participante a navegar por terrenos generalmente desconocidos. En mi caso me remitió a un problema frecuente entre los editores independientes: su desconocimiento de la realidad del entorno micro y macroeconómico y la persistente negación de realizar su labor de manera profesional, más que nada por ignorancia, es decir, por falta de conocimientos, de una sólida formación empresarial. De allí varias conferencias que he dictado en torno la tema de la profesionalización del editor independiente.
La falta de profesionalización nos aqueja a muchos. Sobre todo a quienes están inmersos en el terreno del arte y de la cultura. Sorprende, en medio de todo eso, encontrar profesionales que, como Marisol Torres, no sólo han impulsado sus proyectos de pe a pa con un gran dominio de la mercadetecnia, sino que se han convertido en verdaderos empresarios que han hecho crecer sus proyectos y que, ahora, transmiten sus conocimientos.

Me da un enorme gusto haber participado en este taller y haber descubierto la labor de Marisol Torres. Sus anécdotas de su trayectoria personal contribuyen a entenderla: atropellada a los 15 años en su natal Chile por el embriagado embajador de Austria; de padres ultraconservadores pero con una sólida militancia izquierdista; apresada y torturada por los fascistas pinochetistas que le rompieron los dedos como a Víctor Jara, Marisol es hoy productora general de la Compañía Internacional Gajuca que monta obras basadas en la técnica del Butoh. “Si yo vendo escenificaciones de obras de Butoh, ¿por qué chingaos no han de vender ustedes sus producciones?” nos repetía una y otra vez a los integrantes del taller: artistas visuales, actores, directores de compañías de teatro, músicos…
Espero que Marisol siga afinando su metodología y su discurso. Está formando nuevas generaciones de artistas y promotores culturales con una visión más profesional. Sus conferencias le vendrían bien a los AVEs (Artistas Visuales del Erotismo), pero también a los editores independientes que, como coloquialmente se dice, nomás andan “en la pendeja”.
Azh, 31 de mayo 2008
