Teatromancia es un proyecto que ha nacido recientemente en la Ciudad de México. Un grupo de profesionales del teatro que volamos en círculo alrededor de los treinta años, un poco agotados de que la vida transitara en horarios de oficina decidimos dar el salto y formar una compañía. Las compañías, los grupos, y los colectivos llueven en esta ciudad, pero por otro lado, abunda también un público deseoso de opciones. Nuestro proyecto era viable, no sólo porque hay un número de gente esperando por nuestras propuestas, sino también porque nosotros nos morimos de ganas de llevarles esas propuestas.
Las razones que nos mueven como individuos son muy dispares, como grupo, en cambio nos mueve una sola: ¡Queremos hacer teatro! Queremos hacer el teatro que nos gusta ver: un teatro inteligente pero que incluya al público real. Buscamos realizar espectáculos creativos que reconcilien a las audiencias con las salas.
Durante varias semanas, las tardes trascurrieron sentados a la mesa iluminados todos por una botella de vino (o varias), y mientras compartíamos la botana y los dobles sentidos de Iván, nos dábamos a la tarea de leer obras, de encontrar en el pajar de la literatura dramática, una aguja que pinchara el trasero de nuestro entusiasmo. Sucedía que algunas veces, nos alborotábamos por una pieza argentina, un tanto cuanto heredera de Sartre, otras, pasamos sin ver por un textículo de Andre Gide y yo pensé en algún momento que aterrizaríamos en Maquiavelo. Omar, un muchacho talentoso que decidió unírsenos en las buenas y en las malas, apostaba por Ibsen, y Yamil nos traía, además de mucho vino, a Wilde y otros ingleses.
Un día de esos, atrincherados estábamos en norteño domicilio de la Ciudad de los Palacios, cuando Zohar y Juan Carlos se sacaron a un Calderón de la manga, y aunque el enamoramiento fue inmediato, decidimos seguir buscando ingenuamente, como ocurre muchas veces en las relaciones exitosas, sólo para regresar al lugar donde ya habíamos sido felices.
En cerrada votación, la tripulación de
Teatromancia, decidió partir del Puerto del Siglo de Oro, por la ruta de "No hay burlas con el amor". Con, o sin la bendición de Dn. Pedro Calderón de la Barca, le tocó en suertes ser esta vez, el capitán de la fragata a éste, su servidor, quien comienza escribiendo en
nuestro blog las cartas de relación, a las poco a poco se irán sumando las experiencias de toda la compañía. Visitad pues, nuestra página.
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